El “Catálogo del Museo Arqueológico Provincial de Burgos”, editado en Madrid en 1935 cuando dicho Museo ocupaba las estancias de la Puerta o Arco de Santa María de la capital burgalesa, recoge entre sus fondos de la sección “Arte visigodo y prerrománico” un sarcófago original de Poza de la Sal. La descripción de la pieza en el mencionado catálogo es la siguiente:
Num. 57.
Sarcófago exento, recuadradas por diletes sus cuatro caras y flanquedas de vides; en la anterior se desarrolla además una escena que parece ser la Adoración de los Reyes, detrás de los cuales hay, en bajorrelieve, un castillo cónico y la simbólica palmera con la liebre.- Siglos V-VI.
Dim.=1,80 x 0,60 x 0,55 - Poza de la Sal.
A la misma época de de emplazamiento del Museo en el Arco de Santa María corresponde una interesante fotografía estereoscópica del ilustre fotógrafo burgalés Eustasio Villanueva (1875-1949), correspondiente a la sala central del Museo. Bajo el arco situado a la derecha de la imagen puede observarse el sarcófago pozano.
En 1955 el Museo es trasladado a la Casa de Miranda, pasando a denominarse, a partir de 1973, Museo de Burgos. En sus nuevos y renovad0s espacios se expone hoy nuestro sarcófago, muy cerca del de Quintanabureba, de similar factura aunque de mayor valor escultórico, y en la misma sala que alberga el brazo y la cimera de bronce y un buen núemro de las estelas oikomorfas procedentes de los hallazgos del Cerro del Milagro de principios del siglo XX.
No hemos podido consultar por el momento el nuevo catálogo de 1974 (Basilio Osaba, “Museo Arqueológico de Burgos”, Madrid, 1974) ni conocemos la actual catalogación, no disponible para el público profano, pero su página web del centro pareciera incluir el sarcófago de Poza en la sección “Paleocristianismo y época visigoda” y referirse a él como parte de los “hallazgos cristianos de época romana más importantes de la provincia de Burgos”. Se trataría, según dicha página web, “de un grupo de sarcófagos del denominado Taller de la Bureba fechados a mediados del siglo IV, que se caracterizan por presentar una decoración figurada de factura rústica inspirada en el Antiguo y Nuevo Testamento”.
Pero, más allá de lo que podemos apreciar en la sala del Museo o leer en el viejo catálogo, ¿qué sabemos del “sarcófago de Poza de la Sal”?.
La primera referencia documental que encontramos de este monumento se debe, hasta donde sabemos, a Luciano Huidobro Serna, “doctísimo presbítero, residente en Burgos” -así se refiere a él el P. Fita en 1905- y correspondiente de la Real Academia de la Historia y secretario de la Comisión de Monumentos de Burgos. Está publicada en un artículo fechado el 30 de abril de 1914 y publicado los periódicos locales, que luego fue reproducido con el título “Un monumento burgalés de antigua época cristiana” en el Boletín de la Real Academia de la Historia en su tomo LXIV, correspondiente a 1914.
En el artículo se da cuenta de la recepción en el Museo Provincial, en abril de 1914, de “un venerable monumento de los primeros siglos de nuestra Era” que proyecta “nueva luz sobre los obscuros orígenes de la civilización cristiana en este país”.
El sepulcro, escribe Huidobro, “es de piedra calcárea concrecionada, sumamente dura y saltadiza, que se ha conservado en regular estado, a pesar de haber venido sirviendo de pilón a una fuente de la ermita de Nuestra Señora de Pedrajas en la villa citada durante gran parte del siglo pasado cuando menos”.
Conocida de la Comisión de Monumentos por un dibujo enviado por el Sr. Bolinaga, aquella solicitó su adquisición al Ayuntamiento de Poza, que le fue concedida de manera gratuita. Ayudó en las gestiones Juan de Dios Rodríguez, vecino de la villa y “gran estimador de las antugüedades de su país”.
Continúa así nuestro autor con la descripción: “Está labrado en sus cuatro caras, aunque en las posterior y menores imperfectamente, pues sólo se distinguen dos vides a cada extremo y el resto únicamente está desbastado; pero en su frente principal se descubren además perfectamente cuatro toscas figuras y parte de otra desgraciadamente borrada”. El simbolismo de las vides y la escena con las figuras humanas sugieren a Huidobro que el monumento es indudablemente cristiano. La escena sería o bien la de los tres jóvenes hebreos recibidos por Nabucodonosor, después de haber salido ilesos del horno de Babilonia, o bien la adoración de los Magos. Huidobro parece inclinarse por esta última hipótesis, afirmando que este supuesto la primera imagen sentada representa a la Virgen al lado del Niño reclinado en el pesebre y las tres figuras de pie serían los Reyes, el primero de los cuales portaría el flabelo, señal de distinción entre los orientales. La torre colocada tras ellos puede ser un recuerdo de Jerusalén o Belén, juntamente con la palmera, árbol representativo de Palestina. El bulto alargado, cercano a la Virgen, se refiere al Niño Jesús, fajado al modo oriental.
(La foto, en la que se aprecia bien la cara toscamente esculturada, corresponde al libro de José Sagredo “Guía de Briviesca y la Bureba”, Ayuntamiento de Brivisesca, 1990. Por error se dice que se trata del sarcófago de Quintanabureba)
Respecto a la época a la que deba atribuirse el sarcófago, Huidobro constata que no contiene inscripción que pueda indicar su fecha. Acude en su defecto a la cualidad de la escultura y a semejanza con la de la cubierta del sarcófago de Cameno, concluye que debe ser obra del siglo V cuando los visigodos reciben ayuda de los ostrogodos. Apoyándose en la opinión de Mélida, el monumento podría llegar a tener su origen hasta los siglos VII y VIII. En todo caso, lo considera, por una serie de consideraciones artísticas y cronológicas, anterior a 711, en que el general musulmán Tarik arrasó la Bureba.
Luciano Huidobro volvería en 1916 sobre el tema del “sarcófago de Poza de la sal” en su precioso librito ”Contribución al estudio del arte visigótico en Castilla. Burgos” (Valladolid, Tipografía del Colegio Santiago, 1916). En el capítulo titulado “Sarcófagos esculturados” estudia con detalle los tres monumentos que después se han agrupado en el llamado “Taller de la Bureba”: el sarcófago llamado de Briviesca (o de Quintanabureba o de Buezo), el sarcófago de Poza de la Sal y la cubierta de Cameno, actualmente agrupados en una misma sala en el Museo de Burgos.
Respecto al sarcófago de Poza, si bien en cuanto a su origen añade que el sarcófago puede tener el mismo origen que el de Briviesca pero prefiere defender su origen local, dada la importancia de las poblaciones existentes en Poza hasta la invasión agarena y el recuerdo de mártires locales. Asimismo y al estudir la cubierta de Cameno, destaca que tanto las dimensiones como el estilo se adaptan al sarcófago de Poza.
Ese mismo año de 1916 encontramos referencias a nuestro monumento en otro investigador fundamental en la arqueología pozana: el ya citado epigrafista Fidel Fita, el llamado “Hübner español”, sacerdote de la Compañía de Jesús y académico de número de la Real Academia de la Historia. Fita publica ese año en el Boletín de la Real Academia de la Historia (LXIX, 1916) su trabajo “Antigüedades romanas de Poza de la Sal, en el Partido de Briviesca, Provincia de Burgos”. En él se hace referencia a su pionera tesis de 1905 por la cual en Poza de la Sal existió el municipio autrigónico Flaviaugusta de la provincia tarraconense, cuyo foco principal sitúa en el Santuario de Nuestra Señora de las Pedrajas, llamado así por referencia a las labradas piedras de un barrio o cementerio adornado. En la fuente de este Santuario se utilizó como pilón, como ya sabemos, el sepulcro descrito dos años antes por Huidobro, que Fita data en la primera mitad del siglo V y cuya cesión por el Ayuntamiento al Museo Arqueológico de Burgos, lamenta.
A corta distancia de Pedrajas, hacia el Norte, está la “Granja vieja” donde fueron encontrados otros tres sarcófagos cuya descripción llevó a cabo el P. Herrera en una carta a Fita de 1916. Con ellos emparenta el “sarcófago de Poza”, que según cree Fita, procedería originariamente del mismo paraje. Todos ellos, junto con otros muchos cuyo paradero se desconoce, formarían parte de un cementerio cristiano, anterior a la dominación musulmana.
Pero el trabajo más importante para conocer este y otros restos de la antigua ciudad de Flaviaugusta es el del ilustre catedrático de Prehistoria, de origen pozano, Julio Martínez Santa-Olalla, que lleva por título “Antigüedades romanas de Poza de la Sal” (Anuario de Prehistoria Madrileña, 1931 y 1932, II y III). El artículo, que comprende una completa descripción de la estación romana, destrozada por las obras del ferrocarril Mediterráneo-Santander en los primeros años del siglo XX, dedica un apartado a la necrópolis romana, situada al borde de la ciudad, y, en concreto, a los sarcófagos procedentes de aquella. En la Lámina III (fig. 1) reproduce el “sarcófago esculturado” al que nos estamos refiriendo.
Apoyándose en libros de cuentas antiguos, a los que ya se refirió el profesor Martínez Santa-Olalla en un anterior trabajo de 1924 (“Cuestión de cronología: los sarcófagos de La Bureba”), refiere que el llamado “sarcófago de Poza de la Sal” apareció en el año 1751 al extraerse piedra para la ermita y hospedería de Pedrajas.
Como novedad respecto a lo anteriormente publicado, señala que en una de las caras principales -la que apenas está labrada- aparece una gran cartela con una larga inscripción en letras de cinco centímetros de altura. Dada su mala conservación, el profesor sólo pudo apreciar algunas letras.
Respecto a la cara en la que aparecen las figuras, su interpretación es muy clara para Martínez Santa-Olalla: Adoración de los Reyes Magos, como tempranamente apuntó Huidobro. El paralelismo con sarcófagos de Siracusa y San Vitale (Rávena), confirmarían esta interpretación.
Más polémico resulta, sin embargo, el tema de la cronología del sarcófago. Frente a la idea de que se trata de un sarcófago visigótico, sostenida por Huidobro, el autor del artículo sostiene que pertenece a la época romana, tal y como ya expresó en sus anteriores trabajos sobre el particular. La inscripción a la que antes se ha hecho mención confirmaría esta tesis, que no puede ser desmentida, a su juicio, por el hecho, sostenido por Carriazo, de que se trata de “un arte distinto” del romano-cristiano. En definitiva, sería una obra cronológicamente romano-cristiana, aunque estilísticamente los sarcófagos burebanos (Poza de la Sal, Briviesca y Carmena) no sean obra romana.
Sería, al cabo, de las postrimerías del siglo IV o del siglo V, obra de un cantero local o personas de la región, como lo demuestra el empleo de piedra del país, que desconocían el arte de esculpir.
Y concluye con el siguiente párrafo: “hoy más que nunca, debo afirmar la época romana de tales obras, hijas del pueblo y del medio que las produjo para sí mismo, y que artística y estilísticamente tienen la más profunda raigambre y viejo abolengo en las artes del país (…). Por ello, en vez de llamar a tal sarcófago hispano-romano-cristiano, cual hace años, hoy habríamos de calificarle de obra provincial celto-ibéro-romana-cristiana o, más propiamente, celto-romana-cristiana”.
Más modernamente el P. Feliciano Martínez Archaga, Párroco de Poza, en su imprescindible libro “Poza de la Sal y los pozanos en la Historia de España” (Burgos, 1984), recoge también la existencia del sarcófago y, básicamente, recapitula las ya referidas tesis de Martínez Santa-Olalla. .
Por su parte, el cronista de Burgos e hijo de Poza Fray Valentín de la Cruz, en el libro divulgativo “Poza de la Sal. Cuerpo y alma de una villa milenaria” (Editorial La Olmeda, Burgos, 1992) destaca el “extraordinario valor” del sarcófago ”por su expresión cristiana y que revela la antigüedad del Cristianismo en Poza, antigüedad que hay que adelantar hasta el imperio de Marco Aurelio, toda vez que dentro del sepulcro se halló un sextercio de su esposa Faustina (año 175 d.C)”. Desconocemos, por el momento, la fuente en que se basa Fray Valentín con respecto al descubrimiento de la moneda que le sirve para establecer una nueva cronología.
Finalmente, la última referencia que hemos encontrado de nuestro monumento se debe a los investigadores Fernando Pérez Rodríguez-Aragón y Mª Francisca Represa Fernández, del Museo de Valladolid, y está contenida en su trabajo “Una necrópolis tardorromana descubierta en 1806 en Poza de la Sal (Burgos)”. En él, tomando como fuente a Huidobro y Martínez Santa-Olalla, resumen que el sarcófago apareció en 1751 en la Vieja al extraer materiales para construir la Ermita y Hospedería de Pedrajas y destacan en nota al pie que la confusión a la que hace referencia Martínez Santa-Olalla con otro sarcófago descubierto a mediados del siglo XIX en el Cerro del Milagro no estaría “exenta de cierta reivindicación sobre la propiedad del sarcógfago”.






